HOMILÍA DOMINICAL - CICLO A

  Tercer Domingo de Cuaresma

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio

   

 

 Escritura:

Éxodo 17, 3-7; Romanos 5, 1-2.5-8; Juan 4, 5-42

EVANGELIO

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: -Dame de beber.

(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida)

La samaritana le dice: -¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó: -Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

La mujer le dice: -Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

Jesús le contesta:- El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

La mujer le dice: -Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

Él le dice: -Anda, llama a tu marido y vuelve.

La mujer le contesta: No tengo marido.

Jesús le dice: -Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

La mujer le dice: -Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

Jesús le dice: -Créeme, mujer; se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

La mujer le dice: -Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo.

Jesús le dice: -Soy yo; el que habla contigo.

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?"

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: -Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían: -Maestro come.

El les dijo: -Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.

Los discípulos comentaban entre ellos: ¿Le habrá traído alguien de comer?

Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna; y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: "Uno siembra y otro siega". Yo os envié a segar lo que habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.

En aquel pueblo, muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho".

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: -Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es el Salvador del mundo.

 

HOMILÍA 1

La Cuaresma no es sólo el tiempo en que nosotros nos ponemos en camino hacia Dios, la Cuaresma es el tiempo en que Dios sale a nuestro encuentro.

¿Dónde nos encuentra? en la casa, en el trabajo, en la calle, en la iglesia…

¿Cómo nos encuentra? Nos encuentra sucios, deprimidos, llenos de coraje, con resaca, sedientos, prostituidos… Nos encuentra sin nombre, sin el traje de fiesta, sin la gracia y el amor.

Dios ha hecho este largo viaje para encontrarte a ti; para devolverte la dignidad de hijo, para llevarte a su reino, para abrazarte, para conversar contigo.

Eran las 12, mediodía, cuando Jesús llegó al pozo de Jacob. Jesús estaba cansado y sediento.

El pozo en la Biblia era el lugar de cita de pastores y pastoras. Junto al pozo flirteaban por las tardes y se enamoraban.

Era el lugar de la vida para las personas y los ganados.

Junto al pozo de Jacob conversa Jesús con un mujer sin nombre, sin religión, sin marido, adúltera y pecadora.

En esta conversación la samaritana habla de sus cosas: de los judíos, del pozo profundo, del cubo para sacar agua, de su marido, de las diferencias religiosas entre samaritanos y judíos, del monte Garizim y de Jerusalén, de su sorpresa de que un judío le dirija la palabra…

Jesús, el enamorado, comienza la conversación con estas palabras: "dame de beber".

"Si conocieras el don de Dios, si conocieras quién te pide de beber, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva".

Jesús cambia el rumbo de la conversación y se presenta como el don de Dios, el enviado de Dios, el agua viva que salta hasta la vida, el agua que quita la sed.

Jesús se presenta como el profeta que lee su vida, le revela su pecado, va al fondo de su corazón y lo encuentra amargo y sin agua.

Conversar con el Señor no es irse por las ramas ni hacerse el despistado.

Conversar con el Señor no es discutir sobre esta religión o la otra.

Conversar con el Señor no es opinar sobre qué movimiento en la parroquia es más eficaz.

Conversar con el Señor no es repetir lo que hemos aprendido en la Biblia.

Conversar con el Señor, hoy, en la misa de las 12:30 no es ponerse a la defensiva y decirle nuestras excusas: ya tú sabes, Señor, el trabajo, los hijos, las mujeres, la rutina, la renta, las ratas, el loco del building…¿cómo puedo tomarme en serio tu presencia con tantos asuntos en mi mente?

Conversar con Jesús es identificarse con la samaritana. Es mirar la profundidad de tu pozo. Es dejar que Jesús te lo llene de agua que quita la sed, de agua viva.

Conversar con Jesús es dejarle hablar a él, escucharle y permitirle ver tu vida tal cual es.

Es abrirte a él para que te redima.

Conversar con Jesús, hermanos, es reconocer que Dios no está ni en la montaña ni en Jerusalén. Dios está en mi sed.

Dios no está en el templo sino en el grito de mi espíritu que grita: dame tu don, dame tu agua viva.

Me decía una señora, hace unos días, lo siguiente:

Ya he dejado de pensar que mi marido me pueda hacer feliz. No puede. Sólo soy feliz porque Dios me hace feliz. Desde que me entregué a Dios, él ha abierto una fuente inmensa de gozo en mi. Y ha liberado a mi marido de un peso enorme. Ahora más que insistirle en que me dé lo que sólo Dios puede darme, soy libre para amarle y compartir mi felicidad con él. Y creo que él se siente mejor así.

Cuando hemos probado el agua viva del Señor, no necesitamos de otras fuentes.

La mujer samaritana conversó con el judío Jesús. Le escuchó. Le reconoció primero como profeta y luego como Cristo. Y le adoró en espíritu y en verdad.

Y dejando olvidado el cubo y el agua se fue corriendo al pueblo.

Y comenzó una segunda conversación.

La conversación con sus amigos y vecinos.

"Vengan conmigo a ver a un hombre que me ha hecho ver el fondo de mi pozo, que me ha ayudado a leer mi vida a la luz del Espíritu de Dios. Vengan a conversar con el Mesías, el Salvador, el Cristo".

Jesús se quedó en el pueblo y conversó con todos y, como resultado de aquella conversación, creyeron.

No estamos aquí, hermanos, para hablar de las conversaciones de Jesús. Estamos aquí para hablar con Jesús, para dejarle hablar y para adorarle como el Cristo y el Salvador para ti, para mi y para todos nosotros.

Y si le escuchamos nosotros también correremos a anunciarle a los hermanos.

Vengan y vean un hombre que me ha ayudado a leer e interpretar mi vida a la luz del Espíritu.

HOMILÍA 2

LA SAMARITANA. LA ANOREXIA ESPIRITUAL

Un estudiante fue a consultar a su director espiritual y le hizo la siguiente pregunta: “Maestro, ¿cómo puedo encontrar verdaderamente a Dios?

El director espiritual le pidió que le acompañara hasta el río y le dijo que se metiera en el agua. Cuando alcanzaron la mitad del río, el director le dijo: “Ahora sumérgete en el agua”.

El director espiritual cogió la cabeza del joven y la mantuvo dentro del agua.

El estudiante comenzó a agitarse y a batir el agua con sus manos, pero el director la mantuvo sumergida.

Finalmente, el estudiante libre salió del agua en busca de aire.

“Cuando tu deseo de Dios sea tan grande como tu deseo de respirar el aire, entonces encontrarás a Dios”, le explicó su director espiritual.

La religión se puede imponer. Someterse a unos ritos, aceptar unas prácticas externas, cumplir ciertas dietas y devociones, celebrar unas fiestas tradicionales, ser fiel a unas rúbricas…no cuesta ni esfuerzo ni convicción. Obediencia ciega que Dios no acepta.

La rueda de la sociedad con sus tics milenarios gira y nosotros con ella.

Pero encontrar verdaderamente a Dios, experimentar a Dios vivo, presente en mi vida, supera toda religión, supera el templo de Garizim de los samaritanos, el de Jerusalén de los judíos y el de Roma de los católicos. La verdadera religión está allí donde está Jesús y nos encontramos con él.

La religión es para muchos el problema. La religión reducida a moralismo, a ritos y a misoginia.

La anorexia espiritual de los hombres de hoy tiene su raíz en que saturados de comida basura, ahora queremos ponernos a dieta y tiramos el niño con el agua.

La Samaritana, esa mujer sin nombre, un buen día, junto al pozo, lugar de citas y amoríos, tuvo la conversación más larga, más profunda y más íntima con Jesús de Nazaret, el séptimo hombre y definitivo de su vida. Dejados los seis baales anteriores, la idolatría, encuentra por fin a su Señor.

“Llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dice: “Dame de beber”.

Los diálogos de evangelio de San Juan son muchas veces diálogos de sordos.

Nacer de la carne, nacer del espíritu, con Nicodemo.

Comer pan, comer su carne, beber vino, beber su sangre.

Agua del pozo que se bebe y se tiene sed, agua que se bebe y no hay que volver al pozo.

Mediodía, junto al pozo, la Samaritana y Jesús, -que no era misógino como Pablo y otros muchos reverendos- conversan sobre la historia del pozo de Jacob y las distintas clases de agua, como dos pastores enamorados y escandalizan a los apóstoles y a los vecinos.

El agua de ese pozo sació la sed de Jacob, de sus descendientes y de sus rebaños y fue una gran bendición hasta para la Samaritana.

Es una gran bendición que alguien piense en nosotros y en nuestra sed y nos brinde una clase de agua para cada día de la semana: Monte Pinos, Coca-Cola, Pepsi, Sprite…y nos la publicite con un: Obey your Thirst. Obedece a tu sed.

Jesús también publicita el agua que él ofrece.

“Si conocieras el don de Dios, tú le pedirías y él te daría el agua viva”.

“El que beba el agua que yo le daré nunca tendrá sed y se convertirá en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

Jesús tiene sed y quiere que la Samaritana, todos nosotros, tengamos sed de lo esencial:

  • vida orientada hacia Dios,

  • en el ajetreo cotidiano, déjate acompañar por Dios,

  • no le pidas milagros, sé tú un milagro para los demás,

  • no te sacrifiques por cosas y causas insignificantes, da tu vida sin más,

  • no reces tanto, el culto se vive en espíritu y en verdad,

  • olvida las fórmulas vacías, Dios ni habla ni necesita palabras,

  • ¿templos?, sé tú el templo de la divinidad.

La Samaritana, símbolo de todos nosotros, conversó con Jesús, creyó en Jesús y corrió a predicar a todos sus paisanos la buena noticia y, believe it or not, una mujer llevó el mensaje a unos hombres que no se fiaban nada de las mujeres. En las cosas de Dios, algunos nunca se enterarán, las mujeres son más de fiar que los hombres.

Su diálogo, junto a cualquier pozo, lo continuamos nosotros e invitamos a otros a encontrarse con Jesús y a beber el agua de la vida, a llenarse del Espíritu Santo.

“Jesús nos da el agua, pero no embotellada.

Cada domingo los católicos acudimos al pozo del agua viva, pero hay que tener sed y aceptarla tal como el Señor nos la ofrezca.

Como dice el refrán: puedes llevar el caballo a la fuente, pero si no tiene sed no le harás beber.

 

HOMILÍA 3

A la salida de la Iglesia me decía un feligrés: Si la Cuaresma es un maratón y si cada domingo tengo que escalar un ocho mil, no sé si volver. Dígame, ¿qué me espera el próximo domingo?
No se apure, el próximo domingo nos vamos a sentar junto al pozo y vamos a conversar con la samaritana, una mujer muy interesante.

Jesús, durante su corto ministerio, conversó con gentes sencillas y gentes importantes como Nicodemo y negó la palabra a Herodes.

La conversación más larga y más espiritual la mantuvo con una mujer cuyo nombre desconocemos, la samaritana, la mujer junto al pozo del patriarca Jacob. Conversaron sobre el agua, agua del pozo que no quita la sed y agua viva que sacia la sed.

Carlos Santana, el famoso guitarrista mejicano, en una entrevista reciente hizo esta afirmación: “La espiritualidad es agua pura, la religión es Coca-Cola, un negocio”. Afirmación que nos puede molestar, pero que nos tiene que hacer pensar.

El domingo pasado robaron la colecta de una megaiglesia de Houston. Lo que los fieles dieron ese fin de semana ascendió a seis cientos mil dólares. La iglesia de Lakewood es pura Coca-Cola, un gran negocio. Sólo en colectas colecta más de 32 dos millones de dólares al año, sin contar otros muchos negocios.

Hoy son muchas las personas que se definen como “espirituales” pero no “religiosas”. La religión organizada la consideran como un montón de normas y mandamientos esclavizantes. Sólo ven lo externo, lo humanos, que siempre, siempre dejará mucho que desear.

El evangelio de hoy, Jesús conversando con una mujer junto a un pozo, encierra muchas enseñanzas, Yo quiero fijarme en una relevante para nuestro tiempo.

El hombre sentado junto al pozo no es un hombre cualquiera, es Jesús, el hombre libre y liberador, el hombre guiado por el Espíritu, descarado y atrevido, que vino a derribar todas las barreras y vallas que levantamos los seres humanos.

La barrera del género. Habla con una mujer en la calle, cosa prohibida.

La barrera de la religión. Samaritanos y judíos adoraban a dioses distintos, y en lugares distintos, los samaritanos en el templo de Garizin, los judíos en Jerusalén. La religión era la gran barrera que separaba y enemistaba a estos vecinos.

La religión, nuestro ligue con Dios, un Dios que tiene muchos nombres y se le da culto en muchos templos y de muchas formas diferentes, la religión verdadera da culto a un solo Dios, el innombrable y el Totalmente Otro.

Jesús a las 12, mediodía, ignora esa barrera religiosa y entabla conversación con la mujer que va a sacar agua del pozo.

“Jesus came to abolish religión” dice el poeta Jefferson Bethke. Sí, Jesús vino a abolir la religión con minúscula, la que divide a los hombres en buenos y malos, en salvados y condenados, en católicos y cristianos, protestantes y ortodoxos…porque vino a religarnos con Dios Padre, a inaugurar una nueva alianza con los hombres.

Como los hombres de hoy critican a los Reverendos y a los curas, Jesús criticó despiadadamente a los profesionales de la religión de su tiempo, sacerdotes, escribas y fariseos. “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. No imitéis su conducta, dicen y no hacen, atan cargas pesadas a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quiere moverlas” Su vida pública la vivió enfrentado al aparato religioso d su tiempo y fue la religión oficial judía la que pidió su crucifixión.

Del “dame de beber” de Jesús pasamos al “yo te daré un agua que saciará tu sed para siempre que le ofrece Jesús.

Para los predicadores de la religión los tres versículos más importantes de esta conversación son los que se refieren al matrimonio de la samaritana.

La religión necesita pecados para existir.

La espiritualidad necesita conexión.

La samaritana no se hizo judía, no fue a Jerusalén, pero fue conectada con el agua viva del amor de Dios. (Olvidemos el número 5, símbolo de los cinco dioses samaritanos o consecuencia del cumplimiento de la ley del levirato)

“Créeme mujer, se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto a Dios. Ya está aquí la hora en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad”.

Adorar a Dios en espíritu y en verdad. Sólo el Espíritu autentifica nuestro culto, nuestra religión. Guiados por el Espíritu conectamos con la fuente de agua viva. Sólo el Espíritu puede llenar el cubo vacío de nuestra religión de obras muertas.

A Booker T. Washington le gustaba contar la historia de un buque que navegaba por el sur del océano Atlántico y hacía señas a otro buque que navegaba por allí: Ayudadnos. No agua, Nos morimos de sed. Los del otro buque les gritaron: Echen sus cubos donde están. Los del barco siguieron gritando: Ayuda. No agua. Nos morimos de sed.

La respuesta era siempre la misma. Desesperados decidieron seguir el consejo y llenaron sus cubos con agua clara, fresca y dulce de la desembocadura del Amazonas.

Estaban rodeados de agua dulce por los cuatro costados, sólo tenían que cogerla, peros ellos ignorantes pensaban que se encontraban rodeados de aguas saladas.