D O M I N G O S   0,0

Félix Jiménez Tutor, escolapio.....

   

 

"Y el séptimo día descansó".

Para los judíos el shabbat es una esposa o una reina. El sábado cierran los negocios, prenden velas rituales, celebran una comida festiva y van a la sinagoga.

Día para recordar el pasado y observar, no un descanso perezoso, sino un trabajo creador como el de Dios.

Las fiestas judías, en Nueva York, afectan a millones de estudiantes no judíos. Las escuelas cierran sus puertas y la Pascua judía, el Yom Kippur, los Purim, Hanukkah... son celebradas forzosamente por estudiantes ajenos a la herencia de esta minúscula, pero poderosa, minoría. Y hasta en los hospitales se programa "el ascensor del Sábado".

Sábado cordón umbilical que vincula con D-S.

(Los judíos ni pronuncian ni escriben el nombre de Dios)

Qué espectáculo enervante contemplar un viernes, desde una terraza y con un café turco, el río humano, denso, poderoso, juvenil y viril que fluye por las calles a la salida de la Mezquita del Al Aqsa. Hombres felices y energizados por la magia del Libro y del Imán en el día santo.

Judíos y musulmanes, religiones del Libro, son también religiones de hombres. Los adoradores y protagonistas en el día sagrado son los varones que calientes y fanáticos emergen gozosos a la luz del día.

Las mujeres, invisibles, lo celebran más anestesiadamente.

El domingo católico como la cerveza sin alcohol, es también O,O.

El río, hilillo fino, fluye cansino y cano por las calles solitarias. A nuestro río le falta virilidad, testosterona, pasión, hombres. No sé si reservan el "Macho man" para gritar al árbitro o cantar los escasos goles rojillos.

Nuestro domingo necesita muchos grados de alegría, familia, comunión y fiesta con el Señor –jefe que no quiere intimidarnos- y con los hermanos.

El domingo no es un día privado, "mi misa", es un día público. Mi vida sumergida en la gran ola de la familia cristiana.

San Pablo escribe a los Romanos que desearía ser declarado anatema con tal de ganar a sus hermanos de raza, los judíos.

Yo, desde mi insignificante rincón soriano, intentaré, con la ayuda de todos, hacer del domingo una experiencia más gozosa, más humana, más vital.

Domingo cordón umbilical que me ata a mi origen y a mi destino.
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